¿Qué permanece después de la tendencia? Cómo distinguir una moda de un cambio real en el consumidor mexicano
Labubu fue viral. El Chocolate de Dubái pasó de las redes a los menús. Y cada vez más hogares mexicanos están tomando decisiones de compra relacionadas con el bienestar. Pero cuando desaparece el hype, ¿qué queda?
Hay productos que parecen estar en todas partes.
Aparecen en TikTok, Instagram y YouTube. Se convierten en memes, recomendaciones y videos de unboxing. Las marcas comienzan a lanzar sus propias versiones y, de pronto, parece que todo el mundo está hablando de lo mismo.
Hasta que deja de hacerlo.
Ese es uno de los grandes retos para las marcas: distinguir entre algo que está capturando la atención y algo que realmente está cambiando al consumidor.
Porque una cosa es que un producto se vuelva popular y otra muy distinta es que modifique lo que las personas buscan, compran, valoran o esperan de una categoría.
La pregunta, entonces, no es solamente:
¿Qué está de moda?
Sino:
¿Qué comportamiento está cambiando y tiene posibilidades de permanecer?

Labubu: cuando el fenómeno es más grande que el producto
Durante los últimos años, pocos personajes han conseguido una presencia tan visible en la cultura de consumo como Labubu.
La combinación de coleccionabilidad, ediciones limitadas, sorpresa y viralidad convirtió a estos pequeños personajes en mucho más que un juguete para coleccionistas.
En México, el fenómeno llegó incluso a traducirse en expansión productiva: en 2026, Pop Mart anunció la fabricación de Labubus en el país para atender la demanda de Norteamérica.
Pero la misma historia muestra la otra cara de los fenómenos virales.
Para mayo de 2026, Bloomberg reportaba una desaceleración en el crecimiento de Pop Mart vinculada con una pérdida de impulso de Labubu frente al auge anterior.
¿Significa esto que Labubu fue solamente una moda?
No necesariamente.
El interés por el personaje puede disminuir sin que desaparezcan las dinámicas que lo hicieron atractivo. La búsqueda de productos coleccionables, las ediciones limitadas, la experiencia de abrir un producto sorpresa o el deseo de compartir una compra en redes pueden encontrar nuevos protagonistas.
La moda puede desaparecer. El comportamiento que la alimentó puede quedarse.
Y ahí está una de las primeras diferencias entre seguir una tendencia y entenderla.
No basta con medir cuánto se habla de algo. Hay que preguntarse por qué se habla de ello.

Chocolate de Dubái: cuando la tendencia cambia de forma
El Chocolate de Dubái ofrece una historia distinta.
Su combinación de chocolate, pistache y texturas se convirtió en un fenómeno impulsado principalmente por redes sociales. El producto comenzó a aparecer una y otra vez en videos, reseñas y contenido gastronómico hasta convertirse en una referencia reconocible incluso para quienes nunca habían probado el original.
Pero después sucedió algo interesante.
La tendencia comenzó a trasladarse.
En enero de 2026, Starbucks llevó a Latinoamérica y el Caribe una bebida inspirada en el Chocolate de Dubái como una propuesta de edición limitada, llevando el fenómeno desde las redes sociales hacia una cadena global y un nuevo formato de consumo.
Y entonces aparece una pregunta mucho más interesante que “¿sigue de moda el Chocolate de Dubái?”:
¿La tendencia era realmente el producto o eran los atributos detrás del producto?
Pistache. Texturas. Contrastes. Presentación. Experiencia. Exclusividad. Un producto que también funciona como contenido.
Una tendencia no siempre sobrevive conservando su nombre original.
A veces se transforma en un sabor.
En un formato.
En una expectativa.
En una nueva manera de presentar un producto.
Por eso, mirar únicamente al fenómeno puede hacernos perder la señal.
Lo que importa no siempre es qué producto permanece, sino qué elementos comienzan a repetirse.

El cambio que no se vuelve viral
Pero no todos los cambios importantes tienen millones de reproducciones.
Algunos suceden mucho más despacio.
No aparecen necesariamente en un hashtag. No tienen un producto protagonista ni una fecha exacta de inicio. Simplemente comienzan a aparecer, una y otra vez, en las decisiones cotidianas de los consumidores.
El bienestar es un ejemplo.
De acuerdo con Worldpanel by Numerator, 43 % de los hogares mexicanos busca reducir su consumo de azúcar, mientras que 40.2 % ya compra vitaminas o suplementos.
La señal se vuelve todavía más interesante cuando se observa qué está ocurriendo dentro de las categorías.
La penetración de chocolates y dulces pasó de 75.0 % a 71.2 %, aunque el valor de la categoría creció 15.7 %. En productos lácteos modificados ocurrió algo similar: menor penetración, pero un crecimiento de 13.0 % en valor.
Esto no significa que los consumidores hayan dejado de buscar indulgencia.
Significa que las decisiones pueden estar cambiando dentro de la misma categoría.
El consumidor puede seguir queriendo chocolate, pero buscar menos azúcar. Puede seguir comprando un lácteo, pero prestar mayor atención a sus atributos. Puede mantener una categoría en su rutina y, al mismo tiempo, modificar lo que espera de ella.
Y ahí aparece una diferencia fundamental frente a los fenómenos virales:
un cambio de comportamiento no necesita hacerse famoso para ser relevante.
Puede crecer silenciosamente hasta convertirse en una nueva expectativa del mercado.
Entonces, ¿cómo sabemos qué va a permanecer?
No existe una fórmula que permita predecir con certeza qué tendencia permanecerá.
Pero sí existen señales que pueden ayudar a separar el ruido de un cambio de comportamiento.
1. Intensidad: ¿cuánto está creciendo la señal?
Un aumento repentino de búsquedas, menciones o conversaciones puede indicar que algo está capturando atención.
Pero la intensidad solamente nos dice que algo está sucediendo.
Todavía no nos dice por qué.
2. Alcance: ¿quiénes lo están adoptando?
Una tendencia confinada a un grupo muy específico puede comportarse de manera distinta a una que comienza a cruzar generaciones, niveles socioeconómicos, regiones o categorías.
La pregunta es si el fenómeno está ampliando su alcance o simplemente aumentando su volumen dentro de una misma comunidad.
3. Motivación: ¿qué necesidad está resolviendo?
Aquí comienza a aparecer la diferencia entre una moda y un cambio más profundo.
¿Se trata de novedad?
¿De precio?
¿De conveniencia?
¿De identidad?
¿De bienestar?
¿De pertenencia?
¿De una experiencia que el consumidor quiere compartir?
Entender la motivación permite mirar debajo de la superficie.
4. Expansión: ¿el fenómeno comienza a repetirse?
Cuando diferentes marcas, categorías y formatos comienzan a incorporar los mismos atributos, la señal adquiere otra dimensión.
El producto original puede perder relevancia y, aun así, su lógica puede comenzar a aparecer en otros lugares.
Es lo que sucede cuando una tendencia deja de ser un producto y empieza a convertirse en un lenguaje de consumo.
5. Permanencia: ¿qué sucede después del pico?
Esta es probablemente la pregunta más importante.
¿Qué ocurre cuando disminuyen las publicaciones?
¿El consumidor sigue comprando?
¿La conversación cambia de intensidad, pero no desaparece?
¿Los atributos continúan apareciendo?
¿La categoría mantiene o modifica sus patrones de consumo?
Porque una tendencia realmente relevante no necesariamente tiene que seguir creciendo para siempre.
A veces basta con que deje una huella.
No todo lo viral es pasajero. No todo lo silencioso es permanente.
Labubu, Chocolate de Dubái y el bienestar muestran tres formas completamente distintas en las que puede aparecer una señal de mercado.
Una puede explotar gracias a la viralidad.
Otra puede transformarse y dejar atributos detrás.
Y otra puede avanzar lentamente, modificando decisiones de compra sin convertirse nunca en un fenómeno masivo en redes.
Por eso, medir tendencias únicamente por su popularidad puede ser engañoso.

La conversación nos dice qué está llamando la atención. El comportamiento nos dice qué está cambiando.
Y para las marcas, esa diferencia puede ser mucho más importante que saber cuál será el próximo producto viral.
Porque detectar una tendencia es relativamente sencillo.
Lo difícil es entender qué parte de ella tiene posibilidades de permanecer.
¿Qué queda cuando la tendencia desaparece?
Tal vez esa sea la pregunta que deberían hacerse las marcas cada vez que aparece un nuevo fenómeno.
No solamente:
¿Está creciendo?
Sino:
¿Quién lo está adoptando?
¿Por qué?
¿Qué comportamiento está modificando?
¿Qué atributos comienzan a repetirse?
¿Y qué sucede cuando el ruido disminuye?
La respuesta requiere observar más allá del momento.
Cruzar conversación, comportamiento, percepción y evolución en el tiempo permite transformar una tendencia en una señal que puede ser analizada.
Porque una moda puede durar semanas.
Una tendencia puede durar años.
Pero un cambio de comportamiento puede transformar una categoría completa.
La diferencia no siempre está en lo que vemos cuando todo el mundo está hablando de algo.
A veces está en lo que sigue ocurriendo cuando todos dejan de hablar de ello.
Del ruido a la señal
Una tendencia puede llamar la atención durante semanas, pero eso no significa que esté cambiando la forma en que las personas consumen.
Para entender qué permanece, es necesario ir más allá de la popularidad y observar indicadores concretos: qué marcas están presentes en la mente del consumidor, cuáles utiliza o consume, qué tanto las reconoce y qué canales están contribuyendo a ese posicionamiento.
Ahí es donde la investigación de mercado permite convertir una señal en información útil para tomar decisiones.
Con PULSE, SERTA analiza los signos vitales de tu marca para entender qué tan presente está, quién la consume, qué tanto se reconoce y dónde está llegando a tu audiencia, además de compararla con sus principales competidores.
Porque no se trata solamente de saber qué está de moda.
Se trata de entender qué está cambiando realmente en el consumidor y qué significa para tu marca.
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